Un lustro sin Gabo

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Por: Daniel González Hani
Foto: Daniel González Hani

«Morirse es mucho más difícil de lo que uno cree«, Coronel
Gerineldo Márquez (Cien años de soledad)

Gabriel José de la Concordia García Márquez es aun hoy,
cinco años después de su muerte así como lo fue en vida, un literato genial y
es que puedes odiarlo, puede serte indiferente o puedes amar su obra, como es
mi caso, pero siempre reconocer que su trabajo marcó un hito irreemplazable en
la literatura del siglo XX.

La primera vez que leí a Gabo fue en el colegio, una
profesora, cuyo nombre no recuerdo ahora, nos dejó la tarea de leer ‘Crónicas
de una muerte anunciada’ y me atrapó de tal manera que para cuando tuvimos que
sustentar la lectura del libro en el salón de clases ya yo lo había leído tres
veces… luego de eso nunca fui capaz de leerla nuevamente. Me parecía
inverosímil que la intención de matar a alguien la conociera un pueblo entero,
más no la víctima, que inocente andaba en sus idas y venidas diarias sin saber
que acabaría muerto.
‘Mi tía Wenefrida
Márquez estaba descamando un sábalo en el patio de su casa al otro lado del
río, y lo vio descender las escalinatas del muelle antiguo buscando con paso
firme el rumbo de su casa.
— ¡Santiago, hijo —le
gritó— qué te pasa!
Santiago Nasar la
reconoció.
— Que me mataron, niña
Wene —dijo.
Tropezó en el último
escalón, pero se incorporó de inmediato. «Hasta tuvo el cuidado de sacudir con
la mano la tierra que le quedó en las tripas», me dijo mi tía Wene.
Después entró en su
casa por la puerta trasera, que estaba abierta desde las seis, y se derrumbó de
bruces en la cocina’.
La forma descarnada, procaz y soez en que escribía García
Márquez hace, para muchos, difícil de digerir y es este el motivo por el cual
nunca, antes de ‘Crónicas de una muerte anunciada’ había tenido la oportunidad
de leerlo. Mi mamá no ha sido nunca fanática de García Márquez ni de su forma
de escribir.
En el año 2008 llega a mis manos la edición conmemorativa de
Cien Años de Soledad, publicada un año antes, y revivió en mi cabeza la pasión
con que leí algo de Gabo por primera vez. Tal fue el impacto de ‘CAS’ en mí que
a la fecha la he leído ocho veces y entre cada lectura fui leyendo, y releyendo
en algunas ocasiones, novelas como ‘El Coronel no tiene quien le escriba’, ‘Del
amor y otros demonios’, ‘El amor en los tiempos del cólera’, ‘Los doce cuentos peregrinos’,
entre otros y he amado cada palabra escrita por Gabo desde aquella ocasión o
quizá desde antes, quizá desde mi época de colegio ya lo hacía, pero no acababa
de dar forma a esa idea en mi cabeza.
El jueves 17 de abril de 2014 me había reunido con Iván y
Jessica, un par de amigos, para almorzar. Hablábamos de cosas que nos pasaban
en aquel momento, contábamos chistes sin gracia y de un momento a otro Jessica
me suelta un: —’Dani ¿Y que se murió Gabo?’
Recuerdo que le pedí en aquel momento que no me mintiera,
que no mamara gallo con eso, como decimos en la costa, pero tristemente la
noticia era cierta.
¿Mi reacción? El llanto.
Gabo se fue, pero nos queda la magia de sus letras y nuestra
imaginación, con ellas seguirá viviendo por siempre hasta el fin de los tiempos
No me cabía en la cabeza que aquel par de manos no fueran a
escribir nunca más, que se extinguiera tal prodigio y es que si Úrsula Iguarán
tuvo que hacer un gran esfuerzo para cumplir su promesa de morirse cuando
escampara, luego de llover en Macondo cuatro años, once meses y dos días, no
quiero imaginar lo que le costó a Gabo morirse dejando aún historias de este
Macondo pendientes de escribir.
‘…pues estaba previsto
que la ciudad de los espejos sería arrasada por el viento y desterrada de la
memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de
descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde
siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad
no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra’.
Gracias, Gabo.

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