CUANDO LOS COLORES GIRAN: EN LA PIEL DE LOS INDIOS E INDIAS DE TRENZAS CHIMILA

Por: Eduardo Lora Cueto

Nancy Mendoza con los Títeres de la Comparsa CON LA MANO ARRIBA de Baúl Polisémico en La Gran Parada de Tradición 2026

A las 9:05 de la noche del viernes 23 de enero, vestido de Ave Fénix y esperando mi turno en tarima, descubrí que aquella no sería la única metamorfosis que haría en este Carnaval. Esa noche, La Plaza de la Paz Juan Pablo II abría el telón al Fin de semana de la tradición con el Festival de Danzas Especiales y de Relación. Desde el año 2019 un día al año personifico con orgullo este personaje en la Danza de los Pájaros de la Corporación artística Identidad y en 2026 no fue la excepción. Avanzaban las horas y aún no era el turno de presentarnos, así que buscando qué hacer caminé entre los demás grupos hasta que vi a unos pelaos vestidos de dorado y con plumas en la cabeza: eran integrantes de la Danza de Indios e Indias de Trenzas Chimila. Me acerqué a uno de ellos y le pregunté por su Directora y me señaló a Nancy, una mujer de estatura media, piel trigueña, con un penacho de plumas, una túnica de diversos colores y un peculiar cetro en su mano derecha. 

—Hola, Nancy. Hoy estoy vestido de pájaro pero soy también periodista, me gustaría hacerle una entrevista —le dije. 

—¿Ahora mismo? —me contestó.

—No, en otro momento. Me gustaría ir a un ensayo y conocer más de la danza para una investigación que estoy haciendo —le expliqué. 

—Está bien, no hay problema. Anota mi número. 

Y con esa conversación sellamos un pacto que se mantendría hasta el miércoles de ceniza. 

Nancy Mendoza Gómez, directora de la Danza de Indios e Indias de Trenzas Chimila, en proceso de maquillaje

Nancy Mendoza Gómez, es la directora del clan de indios e indias que bailan y trenzan sin cesar. Desde sus 7 años de edad ha participado de esta danza al son del tambor alegre, el llamador, la tambora, las maracas, la flauta e’millo, la gaita macho, la gaita hembra y el guache. “He liderado este legado con orgullo para que siga adelante y no se acabe. Quiero seguir ayudando y apoyando más que todo a estos chicos de mi barrio que tanto lo necesitan”, expresa en el momento que me concede la entrevista, el miércoles 28 de enero en horas de la noche en la Cra 1 con 42A, en la sede oficial. “En esta danza somos auténticos, no tenemos un coreógrafo como tal, sino que danzar es algo que sale dentro de nosotros mismos, o sea, de la cultura misma, de lo que son los Chimilas”. Esta tribu amerindia también conocida como Ette Ennaka sobrevive hoy en Magdalena, La Guajira y Cesar. Son pocos en número, pero antiguos en memoria, representan el 0,12 % de la población indígena de Colombia. Pero Nancy no pertenece a esta tribu, es una barranquillera de pura cepa que lleva en sus venas un legado que bien sabe compartir, desde su nieta de 3 años —la integrante más pequeña de la danza— hasta a Wendy Montes, de 28, la que apoya en la coreografía y logística de los desfiles. 

Nosotros nos presentamos el viernes que te conocí en La Plaza, pero ya nosotros no competimos por el Congo de Oro, porque ya somos ganadores por ser líderes de la tradición y tener una trayectoria superior a seis décadas ininterrumpidas participando en el Carnaval”, expresa Nancy. Es que desde hace 91 años esta danza viene dando vueltas, desde el corregimiento Islas del Rosario (Jurisdicción del municipio de Puebloviejo Magdalena), pasando por Ciénaga y llegando hasta Barranquilla gracias al legado de Dilia Meléndez, quien fundó la danza en 1935 y, 10 años después, es su hija Dora Thomas quien tomaría el liderazgo. En 1959 llega al Carnaval de Barranquilla y continúa Dora a la cabeza, hasta que fallece en el año 2020 a causa de una infección renal, a sus 84 años. Desde entonces, su íntima amiga María Gómez Serrano junto a su hija Nancy Mendoza, son las cacicas de esta danza incluida en la lista de preservación patrimonial de la Unesco cuando se otorgó al Carnaval de Barranquilla el título de Obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad, en el año 2003; de hecho, este es el único grupo que baila esta danza en la ciudad y si no ha perdido vigencia es porque los saberes se han sabido transmitir de generación en generación gracias a la oralidad. 

En medio de la entrevista, entra un señor a la terraza diciendo enérgicamente un “Buenas” y le pregunto: ¿Usted también es de la danza?, a lo que Nancy responde. “Nombe no, él es cachaco”. 

Entrevista con Nancy Mendoza, María Gómez y Esmirna Molina

ENSAYO TRAS ENSAYO

—¡Uy!

—¡Anda!

—¡Uy!

—¡Anda!

—¡Uy, uy!

—¡Anda, anda!

—¿Quiénes somos? 

—Indios de Trenza

—¿Quiénes somos? 

—Indios de Trenza  

En medio de la entrevista se escuchaba a las 6:30 p.m. este peculiar grito y eran las voces del grupo que ensayaban cerca a la casa de Nancy. En el parque Los Muñecos del barrio Ciudadela 20 de Julio —exactamente en el sector Domingo Marino— se preparaban para los compromisos adquiridos durante las festividades y nos movimos hacia allá para ver de cerca el espectáculo. La música comenzó a sonar a ritmo lento y en dos filas —una de hombres y otra de mujeres— iban moviéndose al compás, primero el pie derecho avanza un paso mientras el brazo izquierdo pasa adelante, luego cambian, el pie izquierdo avanza junto al brazo derecho, contrario siempre. Mientras les tomo foto inconscientemente empiezo a moverme a su ritmo, como si mis ancestros me hubieran tocado el hombro para recordarme que también soy indígena, pluriétnico y multicultural. En ese momento escucho una voz que me dice: 

Fotógrafo, venga y baile —me invita Wendy Montes, quien estaba liderando el ensayo. 

Tímidamente me fui uniendo a la coreografía sin saber que iba a dejarme llevar por los movimientos. De repente, las dos filas empiezan a moverse hacia fuera y luego por dentro al encontrarse de nuevo, los hombres nos agachamos y aplaudimos para darle paso a las mujeres quienes con su cuerpo van también haciendo una figura de trenza. Luego, ellas se arrodillan, suben y bajan brazos como alabando al sol, para que seamos los hombres quienes armemos la trenza con el cuerpo, muy parecida a la Danza del Gusano, que va moviéndose también en curvas. Ambas filas están de pie ahora, hombres y mujeres se toman las manos y van entrando, como en la Danza del Garabato y después, unos entran mientras otros salen, haciendo siempre con el cuerpo la metáfora de las trenzas. Para finalizar, cada pareja agarra sus manos pero armando una “x” por sus espaldas y van avanzando dando pequeñas patadas al ritmo de la melodía. 

Bravo, profe. Es que el que llega aquí, se queda —me dice Julio Rodríguez, un docente que cuando era niño bailaba y hoy día acompaña en los ensayos y presentaciones.  

Terminado el ensayo, me acerco a Estebin Junior Mendoza Agudelo, un joven de 13 años que se destaca por su forma de interpretar esta danza y me cuenta que entró a ser parte por casualidad. “Yo hace dos años iba pasando por el parque con mi mamá y le dije Mami ¿Qué están bailando ahí? Y enseguida pregunté y me dijeron métete atrás, bailé y sigo aquí”. Luego de dos Carnavales y de un arduo tiempo de entrenamiento que inicia desde el mes de septiembre, hoy es uno de los caciques del grupo, quien tiene el reto de guiar a los demás. “Siento una emoción cuando me están viendo participar en una danza tan hermosa como esta, aunque me gusta bailar champeta y me encantaría también aprender todo lo que hacen los diablos arlequines”, me cuenta emocionado y agrega “Hey, me pasas las fotos que me tomaste”. 

Estebin Mendoza, uno de los caciques de la Danza

Cuando intento capturar otros ángulos y más momentos, Suyut Ramírez, de 17 años, asegura que esta danza le ha abierto las puertas siempre “Desde niña me ha gustado el baile y como vivo por acá cerca había visto la danza y desde el año pasado comencé a participar, me ha gustado demasiado porque es una danza llena de tradición y siempre están pendientes de nosotros”. Para ella, la trenza no es solo un juego de colores, sino toda una responsabilidad colectiva. “Al trenzar tienes que tener bastante concentración para que no se enrede la trenza. Siempre me siento orgullosa de ser parte de aquí porque si no estuviéramos nosotros no existiera la danza, por eso me emociona cuando el público nos ve”, finaliza.  

En época de Carnaval, en el parque Los Muñecos suena a Chimilas

EL PALO BLANCO DE LA TRENZA

Tejer la trenza es una tradición auténtica de los Indios Chimila. Lo hacían al terminar su horario laboral como símbolo de festejo o también cuando alguien estaba enfermo, en ese momento el Chamán de la tribu pedía trenzar para que la persona sanara. “Así que trenzar es también un acto curativo”, agrega Nancy, una mujer que se define como alegre, cambambera y bailadora. 

La Trenza es uno de los elementos más distintivos de esta danza.

La trenza tiene dieciséis colores, son cintas de tela satinada que se entrelazan para formar un tejido cruzado y colorido. En realidad los Chimilas tejían con lanas o cabuyas, en ese entonces no existían las cintas, esa fue una propuesta que se agregó para darle un mejor acabado, como dice Nancy “más lujo al Carnaval”. Cuando la música se acelera, tejen y luego destejen para que, más adelante, vuelvan a trenzar.    

A lo que en principio le llamé cetro, es en realidad un Monículo, el bastón o símbolo de mando que llevan los caciques dentro de la danza. Objeto que representa autoridad o poder dentro de la tribu. Curiosamente le pregunto a Nancy “¿Y el palo de la trenza cómo se llama?” A lo que me responde despreocupada: “No tiene nombre, puedes llamarle el palo blanco de la trenza y ya. Se nos partió el día de La Plaza, tantos años y se nos vino a partir ese día, pero ya lo está arreglando un carpintero”. 

Aunque no sean indios e indias propios de la etnia, los más de 60 niños, niñas y adolescentes se meten en la piel como si lo fueran, al igual que las madres y padres de los mismos porque todo el mundo, sin excepción alguna, desfila de dorado. También hay un grupo que ensaya la danza en el barrio La Sierrita y se junta con el grupo de la Ciudadela para ofrecer el mejor de los espectáculos. 

Aquí suena CHIMILAS

A eso de las 8:30 p.m., hora en que terminaba un ritual convertido en formación, se siente la satisfacción del grupo por haber hecho un gran trabajo que se demuestra con el sudor, las sonrisas y los gritos de euforia al danzar. Nancy recuerda aquellos tiempos cuando su madre tenía un “chonchito” de barro donde iba depositando sus ahorros producto de las ganancias que obtenía en el mercado de Barranquilla, lugar donde trabajaba. A punta de monedas fue ahorrando para mantener hoy un legado milenario que ratifica que el Carnaval es triétnico, como nuestro país, como nuestro continente. “Porque cuando a uno le encanta y le apasiona el Carnaval, lo da todo”, cuenta orgullosa María, que a sus 89 años, no dejaba de repetirme: “Yo soy bien Carnavalera y soy la líder del semillero infantil”. Semillero que cuenta ya con 34 ediciones. 

Este proceso ha sido tan poderoso que Esmirna Molina, edil de la localidad Suroriente de Barranquilla, me recuerda que para los adultos que siguen acompañando la danza hay una necesidad viva de preservar la tradición. “Definitivamente a la historia la define lo que nosotros podamos conservar como legado. Hoy, los indios e indias de Trenzas Chimila, son esos deseos de esas señoras por mantener las raíces, los ancestros, recordar, revivir, todo lo que en su momento se hacía en esa parte que nosotros desconocemos”, comenta emocionada y más porque desde temprana edad hizo parte del cuerpo de baile y hoy día, a sus 54 años, sigue acompañando el proceso. “Tenemos como compromiso seguir transmitiendo los saberes, seguir con esa cohesión social que esto genera”, recalca con un orgullo y pasión que brota por los poros agregando que el que no haya bailado en esta danza, no vive en La Ciudadela y que planean hacer un evento con todas las personas que hayan participado, a quien jocosamente les llama “Los egresados”.   

Conoce de cerca la inmersión en un ensayo de la Danza de Indios e Indios de Trenzas Chimila

Me despido ese día de Nancy contándole también que una de las intenciones de este encuentro es conocer más de la danza para rendirle un especial homenaje en la Comparsa de Títeres de Carnaval que dirijo, llamada CON LA MANO ARRIBA, a lo que me responde: “Me parece muy bien, es más, desfila con nosotros en la Gran Parada” a lo que sin titubear le doy un SÍ rotundo. 

Nancy Mendoza y Esmirna Molina en La Carnavalada 2026

CUANDO LA TRADICIÓN GIRA SIN PARAR

El domingo 15 de febrero a las 05:30 a.m. las “Indias” ya estaban preparándose para brillar en La Vía 40. La sede, la casa de Nancy, estaba llena de plumas, lentejuelas doradas, maquillajes, espejos, hilos y agujas. Wendy apoyaba la entrega de los vestuarios, zapatos y penachos mientras las y los artistas los iban recibiendo en fila india. Como Nancy asegura, esta es una danza de comunidad “Aquí todo se lo damos a ellos, muchos son de escasos recursos y a mí me da tristeza decirle a un niño que no puede salir o que ya cerramos las inscripciones, yo busco la manera que ninguno se quede sin bailar pero le pedimos siempre disciplina”, añade emocionada pero asegurando que todo estuviese en orden para su gran día.

El reloj marcaba las 08:15 a.m. y el maquillaje aún no terminaba, pero había que partir, pues este año la Gran Parada de Tradición iniciaría —por primera vez— a las 10:30 a.m. y había que tomar la avenida Circunvalar para llegar a Siape, al inicio del desfile. 

Pilas que el señor del bus está molesto, el que se quedó se quedó, en La Vía 40 terminan de maquillarse —repetía a gritos una de las mamás que siempre acompaña los desfiles. 

Como cintas sueltas buscando su centro corren al bus porque nadie, absolutamente nadie quería perderse la oportunidad de bailar en el Cumbiódromo. Con tristeza se ve cómo la señora María Gómez los despide, con las ganas de querer estar ahí pero su avanzada edad ya no le permite vivir esta experiencia, le queda la ilusión de convertir esa, su casa, en un verdadero museo, un espacio que recopile toda la historia y tradición de la danza y que sea visita obligada de turistas para fomentar el comercio local.  

Continúo con mi papel de fotógrafo cuando Wendy me dice: 

Parece que uno no viene, si no llega a La Vía 40 te lo pones tú y bailas con nosotros.

No supe qué decir, ya que la emoción de representar un Indio Chimila lo llevo en mente desde niño, pues yo también viví en La Ciudadela 20 de Julio y vi muchas veces trenzar, pero por cosas del destino no pude vivir la experiencia a esa edad; este era el verdadero momento. En el bus, me entregan también el penacho y al ponérmelo en la cabeza sentí cómo la tribu aprobaba mi participación en el desfile con vitoreos que invitaban a mover el cuerpo al son de los Chimila. 

Se acercaba el momento de mi ritual de iniciación y al llegar a La Vía 40 comenzó el proceso de transformación total de periodista a Indio. Un maquillaje ancestral empezó a adornar mi cara, brazos y pecho, el chaleco y el pantalón dorado brillaban como el sol y el penacho sobresalía. Ahí, junto a los dos títeres (el Indio y la India) estaba danzando un ritmo que parecía que había estado ensayando desde siempre, pero aún no podíamos empezar, por dos motivos, el primero era porque los músicos aún no habían llegado, y el segundo, porque Jeikob De La Hoz de 6 años me dice: “El títere no está maquillado, tienes que pintarlo para que pueda salir” y, por supuesto, hay que obedecer al futuro Cacique. 

Escuchar los tambores y la flauta anunciaban que después de una espera, los músicos habían llegado y justo a tiempo, porque el desfile comenzaba a avanzar. Desde uno de los primeros palcos se escucha un corillo que replicaba: “¡La trenza, la trenza, la trenza!” Y como obedeciendo a un Chamán, el palo blanco se posiciona verticalmente, 8 hombres y 8 mujeres se preparan para detener el desfile a cambio de un espectáculo ancestral. Sosteniendo el palo que ya estaba completamente arreglado, intento grabar en plano nadir cómo las cintas se empiezan a peinar y el tejido comienza a armar figuras geométricas coloridas, reactivando memoria y evocando todas las generaciones que han trenzado. Los indios e indias abren su boca en forma de “U” y chocan el sonido con su mano para generar más reacciones y aplausos de aceptación de un público que espera ver la danza el Domingo de Carnaval. El rostro de Nancy se ilumina de orgullo al comprobar que ese legado de su familia va por buen camino y más sabiendo que este año la acompaña su sobrina Mayra Mendoza, que llegó desde Bogotá para vivir su primer desfile como India Chimila. 

En esos momentos donde hay pausa para tomar agua, me encuentro a Hamilton Prieto, un joven de 15 años de edad que desde hace dos meses integra la danza. “Mi primera presentación fue en La Plaza de la Paz hace unos días. Entré aquí para llenar un vacío que sentía adentro, tenía mucha tristeza por situaciones familiares y esta danza me ha ayudado a sanar eso”. Hamilton, además de ser parte de la danza, es deportista, juega fútbol y entrena Jiu-Jitsu. “He establecido vínculos personales con compañeros y eso me ha gustado, además que me emociona el público. Al ver que hay personas que se interesan en lo que yo hago me hace sentirme orgulloso de mí mismo”. Con una sonrisa, el joven artista-deportista agradeció no haber sido uno de los desmayados ante el inclemente sol de La Vía 40, situación que motivaba aún más a repetir a gritos el famoso: “Uy, Anda”. 

Verónica Ramírez, Edu Lora Cueto y Jeyson Pérez.
Foto: Juan Pablo Mercado Escamilla

Entre la multitud, los títeres de Baúl Polisémico siguen saludando al público y llamando la atención de niños, niñas y adultos. Mi sonrisa era reflejo de la euforia de la gente, el saludo de amistades y la emoción de llevar un vestuario tan importante para el Carnaval y por supuesto, tener cerca a los muñecos junto a mí. Ahí, al llegar a la Cárcel Modelo, mientras el colectivo se iba a una presentación más en La Carnavalada, me di cuenta que había vivido una de las experiencias más significativas de mi vida artística. Comprendí que mientras las cintas giren, los indios e indias vestidos de dorado seguirán armando una trenza al aire que vale oro y mientras haya trenza de colores, la danza —como la tribu— seguirá resistiendo. 

Así fue la preparación y participación de la Danza de Indios e Indias de Trenza Chimila en La Gran Parada de Tradición 2026.

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