Carlos -CHAPLIN- Amaya: EL SILENCIO DE UN CORAZÓN QUE GRITA

Por: Eduardo Lora Cueto

“Mi estupendo pecado fue, y sigue siendo, mi carácter inconformista”, Charles Chaplin.

Carlos -Chaplin- Amaya: El silencio de un corazón que grita.
Así luce ‘Mascarada’ después del Carnaval, el Centro Cultural del artista Carlos Amaya.

Sir Charles Spencer Chaplin, una de las figuras más recordadas del Siglo XX falleció hace 47 años; sin embargo, en Barranquilla revive cada año gracias a otro ‘Charles’, pero este es carnavalero y de apellido Amaya. 

-Señor Eduardo, lo busca un man disfrazao en portería, vino con un pelao -Me llamó el vigilante del lugar donde trabajo.

Aquel lunes 18 de noviembre de 2024 esperaba a Carlos para conversar, conocerlo mejor y poder contar detalles de su vida que jamás se habían contado, pero esta vez no estaba ante el artista, estaba frente a mí, el mismísimo personaje. Con su sombrero estilo bombín, frac negro, sus zapatos de charol, corbata, bastón, camisa y pantalón clásico, me empezó a contar qué hacía vestido como Charlot, pues para el Carnaval aún faltaba bastante.

-Vengo del lanzamiento de la agenda del Carnaval 2025 y este año me van a homenajear por mis 40 años ¿Puedes creerlo? -Me comenta con su bigote de 1/3, sus cejas pintadas, cara blanca y sus ojos delineados y repletos de emoción.

Desde aquella fecha me dispuse a seguirle la pista al hombre que reencarna al director de películas como «Tiempos modernos», «El chico», «Candilejas» y muchas más. Carlos Iván Amaya Flores nació en el barrio San Roque de Barranquilla, tiene 60 años, de los cuales ha dedicado 46 a ser un hacedor del Carnaval y 40 han sido para prestarle su cuerpo y alma a su amado Charles Chaplin, a quien vio en pantalla grande por primera vez en un ciclo de cine mudo cuando estudiaba francés. “Cuando me vi la película ‘La quimera de oro’ me fui a casa y me miré en el espejo un rato, empecé a buscar a Chaplin en mi rostro y enseguida pensé que para el Carnaval de Barranquilla de 1.985 Chaplin debía estar”, comenta Carlos quien en ese año ganó la última Marimonda de oro que entregaban como máximo galardón a lo más destacado de la fiesta. “Esa vez me mezclé griffin con vaselina y me embarruté la cara, pero fue un éxito, a la gente le gustó mucho el personaje y más la forma en que lo interpreté. Al día siguiente me llama la gente y me dice: ‘Ey, saliste en primera plana de El Heraldo’ entonces eso me ha motivado a continuar hasta el sol de hoy”, agrega. 

Para Carlos, uno de los retos actorales más grandes es el caminado característico de Chaplin, al mejor estilo del pingüino con los pies siempre en paralelo; pero ese reto lo sabe superar con técnica y con el calentamiento previo a cada función, pues este artista tiene formación en arte dramático y desde muy niño iba a la sala de cine más grande que tenía Barranquilla, “Teatro El Mogador” y recuerda cómo le decía a su madrina -su fiel acompañante- que quería estar ahí, en esa pantalla. En su casa siempre veía el televisor con curiosidad y buscaba, en medio de su inocencia de niño travieso, la manera de entrar por medio de los cables a la caja mágica para hacer su gran aparición, hasta que con el tiempo fue entendiendo cómo funciona la industria, pero había un gran inconveniente, su padre.  

-Tienes que ser médico y el mejor, esos no se varan en ninguna parte, aquí en el garage de la casa puedes poner un consultorio. 

-Pero papá, yo no quiero ser médico, quiero ser actor. 

-Entonces no estudias. 

Evidentemente Carlos no quería trabajar en el área de la salud, él quería crear obras de arte y recibir los aplausos del público. En medio de esa preocupación por saber qué estudiar y además, cómo complacer a su padre, llega como caído del cielo un primo le dice que conoce a Tomás Urueta (QEPD) y lo lleva donde el maestro que creó el pesebre en vivo en Usiacurí (Atlántico). 

-Joven Carlos, yo le puedo enseñar a actuar pero con una condición, que usted me ayude a mí en las manualidades que yo hago. 

La respuesta no podría ser más que otra, un SÍ rotundo y, en medio de máscaras y decoraciones, Carlos aprendió habilidades que lo ayudaron a enamorarse más del universo teatral, al punto que hoy día crea máscaras y se encuentra trabajando en la de Charles Chaplin, la del primer Rey Momo del Carnaval y otras más con el objetivo de tener algún día un museo de máscaras. Mientras me cuenta eso, la mirada llena de ilusión de Amaya cambia drásticamente al recordar que por motivos de fuerza mayor, le tocó ‘internarse’ a trabajar en una empresa en el cargo de limpiador de tapas de enfriadores durante 12 horas al día, de 6:00 p.m. a 6:00 a.m. Luego de llevar un largo rato laborando decide entrar a estudiar en la Academia de Actuación de la Universidad Autónoma del Caribe y lo hacía sagradamente a las 10:00 a.m., con cansancio a bordo pero no podía perder la gran oportunidad y cumplir el acuerdo que había hecho con su padre: trabajar para pagar sus estudios. Cansado de la situación y en búsqueda de mejores oportunidades, se va a Bogotá a continuar sus estudios y aprovechó para hacer sus primeros pininos en la televisión colombiana, eso sí, Carlos tenía un gran compromiso (que aún sigue teniendo), que cuatro días antes del miércoles de ceniza siempre volvía a su tierra y desempolvaba su vestuario para evocar la época dorada de su amado personaje: Chaplin. 

En ‘la nevera’ se enamoró y fruto de ese amor, nació su primer hijo que, en homenaje a su actor favorito se llama Charles. 

-Tuve tres hijos con el matrimonio, pero tengo una cantidad de hijos regados, no de matrimonio ni loco (se ríe), sino de gente que se enamora del teatro y llegan y me dicen ‘Papá, papá’ y son mis hijos, ahí les enseño todo lo que yo sé. 

-¿Y el que vino contigo es el menor de tus hijos? -le pregunto. 

-No, él es hijo putativo del teatro, me dice papá. Es venezolano y cuando llegó aquí con su familia lo llamé porque lo veía caminando desorientado por las calles del barrio. Ya tiene 7 años aprendiendo en la sede de Mascarada, mi centro cultural, un espacio comunitario en Soledad para aprender técnicas y herramientas teatrales. 

Al preguntarle si estaba casado actualmente, suelta una carcajada y agrega “No, Eduardo, felizmente separado”. 


A FALTA DE CORONA, SOMBRERO. 

La pandemia por el COVID-19 provocó que un año no se llevara a cabo la fiesta y esta razón motivó a Carlos a postularse a las candidaturas de Rey Momo del Carnaval 2022, el regreso de la fiesta. Sin embargo, no ha tenido el éxito que esperaba, pero asegura que seguirá intentándolo. 

-Me siento preparado para ser embajador del Carnaval de Barranquilla como Rey Momo. Estoy luchando para que el disfraz sea valorado como parte fundamental, como esencia del Carnaval. Esto es una bandera que tenía el primer rey Momo Enrique Salcedo, luchó mucho porque se valorara el disfraz como tal. Cuando fue nombrado el Carnaval de Barranquilla como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, los disfraces no estuvieron presentes en toda esa estructura que mostraron en 2003 ante la UNESCO. 

Homenaje a los 40 años de trayectoria de Carlos Amaya

-Carlos ¿Qué significa para ti la figura del Rey Momo? -le pregunto. 

-Yo creo que el Rey Momo no es una figura nada más por un momento, sino que tú tienes que dejar un legado, tú tienes que resaltar el valor, la tradición y el patrimonio de nuestro Carnaval. Eso es lo que yo quiero, y darle la alegría al pueblo, porque es que, si sabes, el Rey Momo es un bufón y un bufón ridiculiza, se burla, disfruta. 

En su mirada noto que quiere decir algo más, le hago un gesto con la mano para que continúe y agrega entre risas: “Si Dios me lo permite y yo llegue a ser Rey Momo, yo voy a romper una cantidad de esquemas”.

Mientras se le hace realidad el sueño, Carlos en vez de corona usa alguno de sus sombreros que ha intervenido también agregando los colores de la bandera de Barranquilla. Lentamente se va quitando su maquillaje y poco a poco se va desprendiendo del alma al Chaplin de sus amores hasta el próximo evento. 


EL CHAPLIN DICTADOR

Casi dos meses después, exactamente el lunes 13 de enero de 2025 retomo las entrevistas con Carlos, pues quería seguir viendo cómo avanzan sus preparativos para el Carnaval y descubrir qué nuevas historias tenía para contar. Esta vez él no va donde mí, yo voy donde él y conozco su hogar y espacio de trabajo: Mascarada, el centro cultural donde hace un trabajo social y comunitario en Soledad. Ahí, sentado al lado de los más de 40 Congos de Oro me cuenta su experiencia evocando la primera vez que interpretó uno de los personajes más polémicos de Chaplin, con uniforme militar, quepis, corbata, bigote pronunciado y unas equis que reemplazan la esvástica. Sí, se trata de ‘El gran dictador’, la primera película sonora del comediante que criticó las dictaduras que vivía la humanidad de los años 40 (Siglo XX), en particular la Alemania nazi del militar Adolf Hitler.

Escucha la voz del Chaplin Carnavalero.
Entrevista a Carlos Amaya el 13 de enero de 2025.

Carlos ha sido inspiración también para otros artistas que han elegido personificar a Chaplin, recuerda que una vez se sorprendió al ver uno que era aún más parecido al fallecido actor “Pero el man no caminaba como él”. De repente me asalta una duda: 

-Carlos ¿Cómo haces con la música folclórica que suena en los desfiles? Chaplin no bailaba eso ¿Qué melodía suena en tu mente? 

-Eduar, lo que pasa es que Chaplin está en Barranquilla, está viviendo el Carnaval. Entonces sin perder la postura, sin perder todo ese glamour que tiene Charles Chaplin él se goza la fiesta, te baila cumbia con los pies a los lados, claro. -Me responde y me confiesa que su cara redonda como una papa le preocupaba al momento de caracterizar, pero con el maquillaje logra dar la sensación que es el verdadero Chaplin, agregando el pulcro vestuario y la magistral interpretación de este icónico personaje del cine mudo. 

“Yo comienzo a maquillarme y comienzo a sentir el personaje verdad, cuando termina la función, primero me desvisto y luego me quito el maquillaje, para que el personaje vaya saliendo de mí poco a poco, aunque confieso que el rasgo de los pies no sale de mí tan fácilmente”, comenta Carlos. “Mis hijos me dice ‘Ey, papi, ya se acabó’ y yo les digo: ‘Ok, sí, ya entendí.  Entonces tengo que tratar de hacer un ejercicio de pies para que ellos vayan cediendo, es que a veces se me olvida y me quedo con el caminao”, agrega. 

Carlos Amaya preparando su personaje de Chaplin.

Con el corazón en la boca y con el temor de la reacción del público, este año nuevamente abrió el telón en La Guacherna y los comentarios estuvieron divididos, entre quienes valoraron el disfraz y entre quienes lo vieron como una apuesta muy bélica. Lo mismo ocurrió el día de la Batalla de Flores, en donde Carlos participó con la misma propuesta no solo en la vía 40, sino también en la Calle 17.

 “Las guerras, los conflictos, todo es negocio. Los números santifican, si matas a unos pocos eres un criminal, si asesinas a miles, eres un héroe”, Charles Chaplin.

Para despedir la fiesta quiso salir en los dos eventos más populares del martes de Carnaval, el desfile de la Calle 84 organizado por Fayfa y el desfile de la Cra 54 llamado “Joselito se va con las cenizas” organizado por Carnaval S.A., del cuál fue el primer ganador de Congo de Oro cuando inició este concurso, en 1.999. 

-Déjeme entrar por favor -Carlos suplica agitado frente al Teatro Amira de la Rosa. 

-Señor, es tarde, ya el desfile arrancó hace rato. -Le aclara uno de los organizadores.  

-Pa’ ¿Tú no me estás viendo que estoy disfrazado? No soy un particular ¿A ustedes no le informan? Soy yo, Chaplin -Le explica exasperado. 

-Que no, ya te dije, es tarde, el desfile arrancó hace rato así que retírese de aquí -Y en ese momento lo estruja de uno de sus brazos. 

-¿Qué? ¿Me vas a pegar? Soy Chaplin, 40 años en el Carnaval -Lo desafía. 

Nunca antes visto, al Chaplin carnavalero le tocó romper el silencio y hacer uso de su voz para gritar su derecho como disfraz tradicional de la festividad. Como era de esperarse, el público, su público, lo apoyó con vitoreos y así aquel señor que le negó la entrada, cedió sin vacilar.  

Homenaje realizado por el Carnaval de Barranquilla 2025 a Carlos Amaya por sus 40 años de trayectoria.

CHAPLIN SOY YO.

Carlos -Chaplin- Amaya.

Mi último encuentro con Carlos -Chaplin- Amaya fue el martes 11 de marzo de 2025, post carnavales. La sensación era distinta, el artista estaba pero el personaje, y el bigote, ya no. La cara blanca había desaparecido, el cuero de los zapatos conservaban maicena y el vestuario colgado en un gancho de ropa al rededor de maniquíes adornaba la sede de Mascarada. Esta vez llegué a propósito con una mochila que atesoro desde hace 10 años, pues no solo porque me la haya regalado una pareja de compadres, sino también, porque tiene estampado a Chaplin, a quien al igual que Carlos, admiro profundamente. Su cara al verla fue de sorpresa y alegría y con emoción me dice: «A mi colección le falta una de esas«.

El miércoles de ceniza (5 de marzo) era el día para volver a la realidad, pero Carlos, así como Robinson Díaz en la película Bolívar Soy Yo, no quería desprenderse del escritor, director, productor, editor, músico y actor que interpreta año tras año. Esperó hasta el jueves para rasurar con dolor su bigote, caminar con los pies hacia el frente y volver a la realidad, no sin antes trabajar desde ya para lograr un sueño que su corazón anhela en silencio: Ser el Rey Momo del Carnaval de Barranquilla 2026 y homenajear a quienes como él, dan rienda suelta a su creatividad e ingenio, los tradicionales disfraces individuales.

Carlos Amaya en el Centro Cultural ‘Mascarada’.

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