Anónimo
Cuando niños no nos damos cuenta de lo felices que somos e ignoramos
los pequeños detalles que ahora nos hacen falta para ser un poco más felices e
inocentes. En mi caso fui muy feliz
jugando con arena y montado árboles, convirtiendo el patio de mi abuela en la
jungla más peligrosa por explorar y donde todos los días había algo que
encontrar. Donde atrapar «lobitos» y perseguir iguanas, era como ir detrás de un
gran cocodrilo que no se dejaba atrapar y mi misión era que mi jungla siguiera
en paz. Pasar gritando como un desenfrenado llamando a no sé quién, y que
después viniera mi abuela a callarme porque los vecinos iban a pensar que me
golpeaban. Así eran mis días, donde no
había nada, solo crear una buena historia donde todo lo que me imaginaba sentía
que era una realidad.
los pequeños detalles que ahora nos hacen falta para ser un poco más felices e
inocentes. En mi caso fui muy feliz
jugando con arena y montado árboles, convirtiendo el patio de mi abuela en la
jungla más peligrosa por explorar y donde todos los días había algo que
encontrar. Donde atrapar «lobitos» y perseguir iguanas, era como ir detrás de un
gran cocodrilo que no se dejaba atrapar y mi misión era que mi jungla siguiera
en paz. Pasar gritando como un desenfrenado llamando a no sé quién, y que
después viniera mi abuela a callarme porque los vecinos iban a pensar que me
golpeaban. Así eran mis días, donde no
había nada, solo crear una buena historia donde todo lo que me imaginaba sentía
que era una realidad.
Cuando somos niños tenemos la capacidad de tener las mejores
historias en nuestra cabeza y hacerlas realidad en nuestro mundo de fantasía y grandes
aventuras: donde un palo de escoba puede ser una gran espada o una rama la
mejor corona para una princesa, y que nuestra mascota sea el mejor secuaz para
investigar un gran crimen sobre quién se robó las galletas que compraron para
la merienda, siendo uno mismo el que se las comió. Siempre había algo que contar,
hacer, o decirles a tus amigos, primos o hermanos que llegaban a tu casa a
armar guerras con sábanas, almohadas y sillas. Lo mejor era cuando todos teníamos
una pequeña idea que podíamos hacer tan grande como lo imaginábamos, y darle la
forma que queríamos hasta convertirla en la realidad de nuestros pensamientos.
historias en nuestra cabeza y hacerlas realidad en nuestro mundo de fantasía y grandes
aventuras: donde un palo de escoba puede ser una gran espada o una rama la
mejor corona para una princesa, y que nuestra mascota sea el mejor secuaz para
investigar un gran crimen sobre quién se robó las galletas que compraron para
la merienda, siendo uno mismo el que se las comió. Siempre había algo que contar,
hacer, o decirles a tus amigos, primos o hermanos que llegaban a tu casa a
armar guerras con sábanas, almohadas y sillas. Lo mejor era cuando todos teníamos
una pequeña idea que podíamos hacer tan grande como lo imaginábamos, y darle la
forma que queríamos hasta convertirla en la realidad de nuestros pensamientos.
Ahora solo somos niños con censura porque nos limitamos, sin nuestra esencia de imaginar, donde perdimos lo más valioso de nosotros
que era crear una gran historia con la cosa más pequeña. Ahora todo es tan
literal y vacío porque no tenemos algo para dejarnos llevar. Algún día deberíamos
hacer la tarea de ver nuestra serie de cuando éramos niños o comer los dulces
que tanto nos gustaban, y así dejarnos llevar por un buen recuerdo de la
infancia, y que el niño interior de nosotros vuelva a despertar.
que era crear una gran historia con la cosa más pequeña. Ahora todo es tan
literal y vacío porque no tenemos algo para dejarnos llevar. Algún día deberíamos
hacer la tarea de ver nuestra serie de cuando éramos niños o comer los dulces
que tanto nos gustaban, y así dejarnos llevar por un buen recuerdo de la
infancia, y que el niño interior de nosotros vuelva a despertar.
