EL DÍA DESPUÉS DE HABER NACIDO

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Por: A.S. MASSIRI

Cuando
somos pequeños, se cae en el fortunio de sentirse por siempre infante. Así pues,
muchas cosas a los 6 años pueden sentirse como si hubieran pasado ayer, ya que
el pensamiento dentro de un cielo absurdo e inconmensurable es por defecto
perfecto como una hoja de papel doblada en dos pedazos y atravesada por un
lápiz; algunos estudiosos llamarían a aquello «tiempo» y otros, un
poco más soñadores: “agujero de gusano”. Yo no tengo nombre para ello, solo es
algo que aparece y desaparece en una memoria más llena de recuerdos que de
remordimientos.

Fotografía de A.S. MASSIRI
Así entonces,
imagino que mi vida comenzó ayer. Siempre ayer y “nunca hoy”, porque los
recuerdos de un día tan largo no pueden ser ignorados por mi mente, así que
para mí, “todo hoy” empezó ayer. Me ubico entonces en una casa muy grande y un
apartamento, la primera tiene un parque de frente y la segunda es muy fría y
tiene una perrita.

La casa
tiene un techo verde deteriorado y vive mucha gente, tanto que hacen ver la
casa muy pequeña y como si fuera poco se odian, lo juro, los he visto, no hacen
otra cosa sino envidiarse y provocar envidia en los otros; pero a la vez son
católicos y van a misa todos los domingos sin falta, de esa casa tengo muchos
recuerdos, más de los que quisiera tener; pero algo debo admitir y es que su
fachada es hermosa, casi no parece que el techo se puede caer en cualquier
momento.

El
apartamento es frío, muy frío, tanto que ando en medias por todo el pasillo, el
piso es de alfombra y la perrita se caga en ella, mamá llora mientras habla por
teléfono, dice que papá se ha perdido y por eso solo lo escucho por el
teléfono, yo le respondo y le digo que tome un taxi pero papá parece no
entenderme. El techo de “puyitas” y los mocos atravesando mi esófago no parecen
algo de hace mucho tiempo; pero si algo es cierto, es que los recuerdos del
apartamento son fugaces, rápidos, como si solo hubieran durado un segundo, así
que pronto papá aparece de nuevo con el carro amarillo y nos lleva a la casa
grande que se llama Barranquilla, esa donde él no puede entrar porque hay un
gorila vestido con camisetas polo que lo odia y que no lo quiere cerca. Además,
la perrita desaparece, mi abuela “Pau”, la que estaba enferma se va de paseo y
solo puedo conservar la Barbie loca, el campeón «Jud», los muñequitos
del Rey león y los chocoritos.

Mi hermana
y mi prima intentan sacar mi lado artístico, entonces decoro mi cuarto haciendo
unos dibujos en la pared. Eso no le agrada mucho a nadie y me hacen entender de
golpe uno de mis recuerdos mas primitivos: «casa ajena», el primero
de mis exilios, Polly baila y parece no importarle, ella solo ríe y yo lo intento
comprender pero no puedo ¿Por qué papá no está? ¿Por qué no puede entrar a la
casa? ¿Por qué el gorila me pega? ¿Por qué todos me odian? ¿Por qué dicen que
no soy bonita?… Un señor me dice que nadie me quiere, mamá dice que no es
cierto pero yo no le creo porque me duele y tan solo nací ayer.

De esta
manera la pregunta “¿por qué?” se vuelve mi pregunta favorita, no hay nada que
no esté acompañado de un “por qué”, así que me refugio en los libros, donde los
«por qué» abundan y hacen sentir a mamá orgullosa hasta que no está
de acuerdo con las cosas que decido leer.

Entonces,
la infancia se va de golpe en los ojos de alguien parecido a mí, mucho más
anciano que yo pero con mis mismos ojos (él seguro no nació ayer); pero quién
soy yo para saberlo, abuelo viene del cerro cada tanto tiempo pero hoy está
aquí porque está muy enfermo, le duele la cara y su piel es muy frágil, yo lo
quiero pero mi hermana y mi prima me dicen que no lo haga, ellas creen que él
es malo y que nos quiere hacer daño, pero yo no les creo porque no quiero caer
en la dinámica de odiar a todos, quiero que mamá esté orgullosa, que papá
vuelva a vivir con nosotros, que la perrita siga cagando la alfombra y sobre todas
las cosas, que la abuela “Pau” termine su paseo porque está muy enferma y se
puede morir.

¿Cómo
habría de saber que era el fin y que después solo existiría el miedo a la
soledad? Apenas nací ayer, entonces mi abuelo parece no estar tan enfermo, usa
sus brazos para apresarme y por una milésima de segundo vi la cara de la
maldad, aquello que uno no piensa ver el día después de haber nacido, tengo
miedo pero me prohíben contarle a mi papá, me dicen que lo que dice la televisión
no es lo correcto, aquella propaganda sobre denuncias no se acopla a mi situación,
nadie se puede enterar, ni siquiera los vecinos, porque es más grande su
vergüenza que mi infancia.

Todo se
vuelve pánico de perder el control, andamos como mariposas amarillas por toda
la casa y solo hasta ahora comprendo que esa queja era en realidad una cita a
Gabriel García Márquez. Todo lo que ha pasado de ayer para hoy, y aún no llega
mañana, aunque puedo predecirlo porque lo siento llegar a través del agujero de
gusano, adicción a la muerte y al arte; pero miedo al miedo.
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