Por: María Alejandra Maza Ditta
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| María Alejandra Maza en su infancia |
Es muy
común, y hasta considerado normal, que los niños pequeños tengan amiguitos
imaginarios, con quienes hablan, juegan y comparten actividades de la vida
cotidiana como comer y hacer las tareas. Sin embargo, yo nunca tuve uno.
Pensándolo bien, tal vez sí, pero el mío era especial.
común, y hasta considerado normal, que los niños pequeños tengan amiguitos
imaginarios, con quienes hablan, juegan y comparten actividades de la vida
cotidiana como comer y hacer las tareas. Sin embargo, yo nunca tuve uno.
Pensándolo bien, tal vez sí, pero el mío era especial.
Cuando
tenía diecisiete años, tuve un lindo sueño con un hermoso chico. Era alto,
delgado, cabello castaño y ojos claros. En el sueño, me encontraba caminando
por una calle en un día soleado, cuando aquel chico muy animado me salía al
encuentro. Recuerdo que me sentía sorprendida, pues nunca lo había visto antes,
pero el joven me abrazó y sentí que lo conocía. Hasta podría decir que le tenía
cariño.
tenía diecisiete años, tuve un lindo sueño con un hermoso chico. Era alto,
delgado, cabello castaño y ojos claros. En el sueño, me encontraba caminando
por una calle en un día soleado, cuando aquel chico muy animado me salía al
encuentro. Recuerdo que me sentía sorprendida, pues nunca lo había visto antes,
pero el joven me abrazó y sentí que lo conocía. Hasta podría decir que le tenía
cariño.
–¡Cuánto tiempo sin vernos! Te
extrañaba, pero temo que esta es la última vez – Me dijo.
extrañaba, pero temo que esta es la última vez – Me dijo.
Le
sonreí mientras él sostenía mi mano y nos mirábamos fijamente como si nos
estuviésemos reconociendo mutuamente. En ese momento me desperté muy feliz con
la convicción que ¡era Él!… ¡claro que era él! El hermoso niño rubio con el
que jugaba en mis sueños cuando yo apenas era una niña. Recuerdo que por muchos
años lo encontraba en la mayoría de mis sueños y a medida que iba creciendo, el
crecía también. Aún no sé cuándo y por qué dejó de visitarme mientras dormía, pero
para mí fue emocionante volver a encontrarme con ese viejo amigo, en la misma
situación en la que nos conocimos y nuestra amistad se fortaleció, entre
sueños.
sonreí mientras él sostenía mi mano y nos mirábamos fijamente como si nos
estuviésemos reconociendo mutuamente. En ese momento me desperté muy feliz con
la convicción que ¡era Él!… ¡claro que era él! El hermoso niño rubio con el
que jugaba en mis sueños cuando yo apenas era una niña. Recuerdo que por muchos
años lo encontraba en la mayoría de mis sueños y a medida que iba creciendo, el
crecía también. Aún no sé cuándo y por qué dejó de visitarme mientras dormía, pero
para mí fue emocionante volver a encontrarme con ese viejo amigo, en la misma
situación en la que nos conocimos y nuestra amistad se fortaleció, entre
sueños.
