El arte al que muchos le temen*

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Por: Verónica Ramírez Q

La
posibilidad de dejar de ser uno mismo es siempre muy hermosa, y más cuando esa
posibilidad queda plasmada dentro de un escenario, donde no tienes que
esconderte de tus enemigos, ni tienes que padecer el miedo a que te juzguen o
te señalen porque no estás actuando de la mejor forma. Simplemente estás en un
espacio donde varias personas respiran juntas, sin necesidad de matarse, ni
pelearse, porque con tan solo una mirada o una palabra, la historia puede tener
un final agradable.
Aunque el teatro, es definido como
el medio probado para abogar e introducir ideas por las que deseamos luchar
cuando son violadas, para muchas personas esto puede producir fobia o un total
desinterés, argumentando que las personas que salen a un escenario son
productos de la ridiculez y exageración.
¿Y es que acaso en la vida real no le toca hacer el
ridículo para caerle bien a mucha gente? o ¿actuar como el payaso del circo
para que lo acepten dentro de un grupo de amigos?
Y mejor aún, no se ve en la
obligación de exagerar muchos de sus gestos, para que lo puedan entender.
Porque ni  hablar de los gritos que tiene
que pegarle al gobierno mientras éste duerme, convirtiéndolos en  protestas que manifiestan, que de su salario
no ha recibido un peso o que su salud no aguanta hasta la próxima fase.
Fabio Rubiano acertó al decir que
«los de teatro por lo general hacemos no lo que esté de moda, sino lo que
creemos que es necesario», pues jamás vamos a representar guerra, si el
país se encuentra viviendo  paz, no vamos
a representar sangre si en Colombia solo se manifiesta amor.  Mostramos dentro del teatro la realidad que
vivimos apenas salimos de éste, y quizá representamos hasta una utopía de lo
que puede llegar a ser nuestro país, tratando de convertir la obra en el mundo
que anhelamos vivir o todo lo contrario. 

La fobia y el desinterés sólo
desaparecen haciéndole frente al temor, en este caso haciéndole frente al
teatro. Sin embargo puede generar tanto pánico enfrentarse a este arte, por lo
parecido que puede ser con nuestra vida. Porque cuesta trabajo dejar a un lado
la máscara de persona obediente y sumisa que se utiliza delante del jefe, o la
máscara de fresco y descomplicado que se usa delante de los amigos. Y todo, por
ese mismo miedo que se tiene para mostrar lo que en realidad somos. El miedo que
nos envuelve nos ha enseñado a ponernos el mejor disfraz para que nos vaya bien
en la fiesta, porque de lo contrario seremos el diferente que no complace a los
invitados.
 El
teatro y sus actores son la verdadera muestra de muchos acontecimientos, por
eso se recomienda que antes de criticar y entrar en pánico frente a este arte,
acuda a leer una buena obra de Shakespeare, o para un mejor plan: diríjase al
teatro y disfrute de las manifestaciones que muchos «sapos dramáticos»
le ofrecen, generándole diferentes reacciones que lo inviten a quitarse la
máscara con la que usted se encuentra actuando frente a lo que llama realidad.

*Respuesta al artículo escrito en 2012 por Héctor Abad Faciolince: «Contra el teatro»http://www.elespectador.com/opinion/contra-el-teatro 

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