MÁS ALLÁ DEL RITO RELIGIOSO

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MÁS ALLÁ DEL RITO RELIGIOSO

MÁS ALLÁ DEL RITO RELIGIOSO

Por: Melissa Cadavid Manjarrés

Cuando esta pandemia inició, lo último que imaginé era que mi vida cambiaría tan radicalmente, no solo por la falta de libertad y por saber que la vida dependería de la disciplina y autocuidado del otro, sino por cómo este virus tan agresivo me arrancaría de los brazos a pilares.

El perder a mi papá ha sido la peor experiencia de mi vida. Recuerdo sus últimas palabras y me duele aún más, porque con ellas se fue la posibilidad de verlo por última vez. Aún me pregunto si supo siquiera que yo estuve ahí para él durante los días de su hospitalización.

Transcurrieron cinco meses en los que no logré conectar mi mente y corazón para conseguir ponerlos de acuerdo y expresar lo que siento. Para los artistas esto sería un bloqueo creativo, pero al ser tan profundo y doloroso el momento que vivimos y teniendo en cuenta que hemos perdido al escritor y poeta de la familia, me he obligado a expresar mi sentir y pensar, aunque estos dos no estén de acuerdo.

Si bien es cierto, hemos tenido anteriormente pérdidas significativas, nunca imaginamos que en un lapso tan corto despediríamos a tantos seres amados. Hemos pasado por la etapa del cuestionamiento y la culpa y también de la gratitud, pero aún duele y al sumar las pérdidas, la herida es cada vez más grande.

Nunca me he considerado buena para dar condolencias y mucho menos siendo compañía en un momento tan difícil como la pérdida de un ser amado, sin embargo, asistía a los sepelios y brindaba mi sincero y caluroso abrazo, sin mucho que decir, ya que el silencio puede llegar a ser un excelente consuelo, bueno, dependiendo del momento y lugar. Muchos creen que soy buena para esto, pero no lo consideraba así.

Realmente nunca había visto lo importante que podía llegar a ser, lo que consideraba un rito religioso, pero transcurridos dos meses y ocho días la vida nos volvía a golpear con la pérdida de mi tío Luis. Para mí fue perder nuevamente un padre, porque con lágrimas en sus ojos y la voz entrecortada me dijo: «Franklin más que un cuñado fue mi hermano, y aunque él ya no esté, yo estoy aquí para que a ustedes no les falte nada». Fue él quien, sin importar su dolor, me acogió en sus brazos, me sostuvo y motivó a seguir adelante a pesar del mío, siempre tuvo una palabra de aliento y casi a diario me llamaba para ver cómo iba en las gestiones administrativas para que a mi mamá no le faltara nada y estuviese tranquila.

Y exactamente cinco meses después de la muerte de mi papá, me arrebatan de las manos a mi gordo, porque si bien es cierto, peleábamos como perros y gatos, nuestro amor era infinito como el mar profundo, no necesitábamos hablar a diario para saber que estábamos el uno para el otro. Para nadie es un secreto que lo regañaba y que me sacaba la piedra con una facilidad increíble, pero que con su hermosa sonrisa y mamadera de gallo lograba hacerme reír y olvidar el disgusto. Extrañaré su «Ajá, mona», analizar y evaluar las vacantes en SIMO para postularme (entre otras cosas, no tengo ni idea de la contraseña de esa vaina. Él era el que manejaba eso), mis matas extrañarán sus consejos y recomendaciones sobre compost, bokashi y demás cariñitos para mantenerse bellas.

Hoy siento el peso de sus despedidas y debo reconocer que lo más doloroso será vivir con sus ausencias sumado a la falta de abrazos y cercanía con los seres amados, sin embargo, hemos aprendido a valorar la unión y comunión familiar y esa será mi manera de honrar sus memorias, porque no había nadie más interesado en mantenernos unidos y comunicados que ellos tres. Sin lugar a dudas, no encontraré en el mundo tres seres como ellos, y espero diariamente honrar sus memorias con cada acto.

Hoy en día he logrado ver lo transcendental que puede ser “El rito religioso”, sin importar nuestro culto o creencia religiosa. El encontrarse con familiares, amigos y conocidos permite recordar momentos y experiencias compartidas con el ser querido que no volveremos a ver; el abrazar, el llorar y el ser consolado así sea con el silencio, es mucho más importante de lo que podía imaginar.  Es la oportunidad, podría decir que perfecta, de elaborar el duelo, puesto que en este rito se encuentra uno de los factores protectores más importantes para hacerlo: El apoyo social.

Los abrazo fuerte y los llevo en mi corazón.

¡Nos volveremos a encontrar! 

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